El único momento que siempre ha existido Una historia inspirada en El Poder del Ahora de Eckhart Tolle Por Martha Liliana Orozco
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5/8/20265 min read
Ella vivía en dos lugares al mismo tiempo.
Nunca en el lugar donde estaba.
Cuando estaba en el trabajo su mente estaba en casa pensando en lo que no había hecho.
Cuando estaba en casa su mente estaba en el trabajo pensando en lo que quedaba pendiente.
Cuando estaba con su familia pensaba en la conversación de ayer que no salió como quería.
Cuando estaba sola pensaba en la reunión de mañana que podría salir mal.
Vivía, en suma, en un lugar que no existía.
Ni el ayer que ya no puede cambiarse. Ni el mañana que todavía no ha llegado.
En el único lugar donde la vida no ocurre nunca:
En la cabeza.
Un día su cuerpo decidió hablar de la única manera en que los cuerpos hablan cuando nadie los escucha:
Con fuerza.
No fue dramático. Fue una mañana ordinaria, con café ordinario, con la lista de pendientes ordinaria, cuando de repente algo en ella simplemente se detuvo.
No podía respirar bien. No podía pensar bien. No podía fingir que todo estaba bien un día más.
Se sentó en el piso — no eligió el piso, el piso simplemente fue lo más cercano — y por primera vez en mucho tiempo no hizo nada.
No revisó el teléfono. No hizo una lista. No pensó en lo que venía después.
Solo estuvo.
Y en ese estar sin hacer ocurrió algo que no supo cómo nombrar en el momento:
El ruido paró.
No el ruido del mundo. El ruido de adentro.
Esa voz constante que comenta, que juzga, que planifica, que recuerda, que anticipa, que nunca — nunca — se calla.
Por un instante — quizás diez segundos, quizás treinta, quizás una eternidad pequeña — esa voz se calló.
Y en ese silencio ella existió de una manera que no había existido en años.
Completamente. Sin pasado encima. Sin futuro adelante.
Solo ella. Solo esto. Solo ahora.
Después pensó que había sido raro. Quizás un mareo. Quizás el cansancio acumulado.
Pero algo había cambiado en una capa que el pensamiento no sabe nombrar bien.
Como cuando mueves un mueble que llevaba años en el mismo lugar y descubres que debajo había luz todo el tiempo.
Meses después llegó a sus manos un libro.
Lo abrió sin expectativas. Leyó la primera página. La segunda.
Y en algún punto — no recuerda exactamente cuál — tuvo que cerrarlo y quedarse quieta porque lo que estaba leyendo describía exactamente lo que había vivido en el piso de la cocina aquella mañana ordinaria.
El libro se llamaba El Poder del Ahora.
Y lo que decía era esto:
El momento presente es el único momento que siempre ha existido.
Todo lo demás — el pasado, el futuro — son pensamientos que ocurren ahora.
El arrepentimiento por ayer ocurre ahora. La ansiedad por mañana ocurre ahora. El dolor de lo que se perdió ocurre ahora. La esperanza de lo que vendrá ocurre ahora.
Todo. Siempre. Ahora.
Eso la detuvo.
Porque si todo ocurre ahora entonces el problema no era el pasado. El problema no era el futuro.
El problema era que ella no estaba en el único lugar donde su vida realmente ocurría.
Estaba en su cabeza. En la película de su cabeza. En el relato interminable que su mente producía como una máquina que no tiene apagador.
Y la pregunta que Tolle le estaba haciendo — sin hacérsela directamente, simplemente con las palabras en la página — era esta:
¿Puedes estar aquí? ¿Solo aquí? ¿Solo ahora? ¿Un momento?
Aprender a estar presente no fue rápido.
La mente no entrega su poder fácilmente. Ha construido ese poder durante décadas. Tiene argumentos para todo. Tiene razones para seguir viviendo en el pasado y en el futuro.
"Si no pienso en esto, lo olvidaré." "Si no me preocupo, algo saldrá mal." "Si no planifico, no estaré preparada."
Mentiras amables. Hábitos tan viejos que parecen verdades.
Pero ella empezó a practicar.
Primero cinco minutos al día. Solo cinco. Sin teléfono. Sin lista. Sin producir nada.
Solo existir en el único lugar donde la existencia ocurre.
Luego diez minutos. Luego una caminata entera. Luego una conversación completa con alguien sin pensar en la siguiente.
Pequeños regresos al presente. Pequeñas victorias sobre la mente que siempre quiere estar en otro lado.
Lo que fue cambiando no fue su vida externa.
El trabajo seguía siendo el mismo. La familia seguía siendo la misma. Los problemas — algunos — seguían siendo los mismos.
Lo que cambió fue esto:
Cuando estaba con su hijo realmente estaba con su hijo. Y esos momentos — que antes desaparecían antes de que ella pudiera habitarlos — empezaron a quedarse.
A volverse recuerdos reales en lugar de momentos que pasaron mientras ella estaba pensando en otra cosa.
Su vida no se volvió más grande. Se volvió más real.
Y resulta que eso — la realidad plena de un momento ordinario — es infinitamente más rico que cualquier fantasía de futuro que la mente pueda producir.
Lo que Eckhart Tolle descubrió
Eckhart Tolle tenía veintinueve años y estaba al borde del colapso.
Una noche — insoportable, dijo después — tuvo un pensamiento que lo detuvo:
"No me puedo soportar más a mí mismo."
Y de repente se preguntó: ¿Quién es el "yo" que no se soporta y quién es el "mí mismo" que es insoportado?
¿Hay dos?
En esa pregunta — en ese espacio entre el observador y lo observado — algo en él se disolvió.
Pasó la noche en un estado que no supo cómo nombrar. Amaneció diferente.
No resuelto. No sin problemas. Diferente en algo fundamental:
Había descubierto que él no era sus pensamientos.
Que los pensamientos llegaban como nubes que cruzan el cielo. Y que él — el verdadero él — era el cielo. No las nubes.
Esa distinción — aparentemente simple, profundamente transformadora — es el corazón de todo lo que enseñó.
Lo que me llevo de Tolle
De todo lo que Tolle enseña hay algo que uso constantemente en mi trabajo de acompañamiento:
La diferencia entre tener un pensamiento y ser un pensamiento.
La mayoría de las personas no tienen pensamientos. Son sus pensamientos.
"Soy una persona ansiosa." No. Tienes pensamientos ansiosos.
"Soy insegura." No. Tienes pensamientos de inseguridad.
"Soy lo que me pasó." No. Eres quien observa lo que te pasó.
Esa pequeña pero enorme distinción abre una puerta que parece imposible hasta que la cruzas:
Si no eres tus pensamientos puedes observarlos sin ser arrastrada por ellos.
Y si puedes observarlos sin ser arrastrada entonces tienes algo que no sabías que tenías:
Elección.
La práctica más simple del mundo
Antes de que cierres esta página te invito a algo que dura treinta segundos.
Solo treinta segundos.
Deja de leer. Pon las manos en el regazo. Siente el peso de tu cuerpo donde estás sentada.
Siente el aire entrando. Siente el aire saliendo.
No lo pienses. Solo siéntelo.
¿Dónde está el problema ahora mismo? ¿Dónde está la preocupación? ¿Dónde está el arrepentimiento?
En este instante exacto — no en el de hace un segundo, no en el que viene — ¿estás bien?
Casi siempre la respuesta es sí.
El sufrimiento vive en el tiempo. La paz vive en el presente.
Y el presente siempre ha estado aquí.
Esperándote.
"Date cuenta profundamente de que el momento presente es todo lo que tienes. Haz del Ahora el foco principal de tu vida."
— Eckhart Tolle, El Poder del Ahora
¿Cuándo fue la última vez que estuviste completamente presente? Me encantaría saber. Escríbeme a info@morozcocoach.com o en Instagram @mlorozc0. Y si sientes que tu mente vive más en el pasado o en el futuro que en tu propia vida, agenda tu sesión de descubrimiento gratuita.
Sobre este artículo: Esta historia es una creación original inspirada en los temas y filosofía de El Poder del Ahora de Eckhart Tolle (1997). No reproduce texto del libro original. Todos los derechos de la obra de Tolle pertenecen a su autor y editorial.
Martha Liliana Orozco es Life & Health Coach certificada por el Institute for Integrative Nutrition (IIN), Maestra de Meditación graduada por Mujer Holística, y creadora del método MAAORA. Acompaña a personas de todo el mundo a vivir con presencia, desde adentro hacia afuera. Basada en Miami, FL.






