Bienestar mental · 8 min de lectura Redes sociales, inteligencia artificial y la mente que dejamos de ejercitar Por Martha Liliana Orozco · 23 de julio, 2026

Nunca tuvimos tanta información al alcance de un toque, y sin embargo, cada vez pensamos menos por nosotros mismos.

7/23/20262 min read

Hace veinte años, memorizábamos números de teléfono, resolvíamos discusiones sin consultar el móvil, y nos aburríamos lo suficiente como para inventar algo que hacer con esa quietud. Hoy, cualquier vacío mental se llena en segundos con una pantalla. Y ese cambio, silencioso y acumulativo, está dejando huella en cómo pensamos.

Varios estudios recientes en países como Noruega, Dinamarca y Finlandia han detectado algo que parecía impensable: por primera vez en décadas, el coeficiente intelectual promedio de la población está bajando generación tras generación, después de casi un siglo de aumento sostenido.

Lo que dice la evidencia

Un estudio ampliamente citado del Nobel de Economía James Flynn documentó durante décadas un aumento sostenido del coeficiente intelectual promedio — el llamado "efecto Flynn". Pero desde inicios de los años 2010, varios países nórdicos y del norte de Europa comenzaron a reportar el fenómeno inverso: una reversión de esa tendencia. Investigadores como los del Ragnar Frisch Centre en Noruega la atribuyeron a cambios ambientales y educativos, no genéticos — es decir, a cómo vivimos, no a quiénes somos.

La coincidencia temporal con la masificación del smartphone y las redes sociales no prueba causalidad por sí sola, pero sí señala una pregunta incómoda: ¿qué capacidades dejamos de ejercitar cuando delegamos la memoria, la atención y ahora el razonamiento mismo a un dispositivo?

El músculo que no se usa, se atrofia

Desde la psicología del comportamiento sabemos que la atención sostenida, la memoria de trabajo y el pensamiento crítico funcionan como músculos: se fortalecen con uso y se debilitan sin él. El scroll infinito está diseñado para recompensar la atención fragmentada, no la profunda. Y la inteligencia artificial generativa, usada sin conciencia, puede convertirse en un atajo permanente que nos ahorra el esfuerzo cognitivo — el mismo esfuerzo que construye criterio propio.

No se trata de demonizar la tecnología. Se trata de notar cuándo dejamos de pensar y empezamos solo a consumir respuestas — ajenas o algorítmicas — sin pasar por el filtro de nuestra propia reflexión.

Volver a pensar, con intención

Desde el método MAAORA trabajo justamente esto: recuperar la capacidad de observar antes de reaccionar, de sostener una idea sin resolverla de inmediato, de tolerar el aburrimiento sin huir hacia una pantalla. No es nostalgia por un mundo sin tecnología — es una invitación a usarla desde la conciencia, no desde el reflejo.

Algunas prácticas simples ayudan a empezar: bloques de tiempo sin dispositivo, leer un texto largo sin buscar el resumen, escribir a mano antes de teclear, y preguntarse — antes de pedirle la respuesta a una IA — qué pienso yo primero.

© 2025 Martha Liliana Orozco · Life & Health Coach · Miami, FL ·